Podría decir tantas cosas, tan hirientes, tan ciertas, pero no hay caso, hay más pesar en el trasfondo que lo que se ve, de lo que puede interpretarse con escasas pistas y cuando sea el momento de decirlas, no será necesario, lo habrán entendido, todos entienden tarde o temprano.
Pelear es fácil, ignorar es el punto medio, lo difícil es perdonar, lo cual generalmente logro, siempre lo intento; son muchas ocasiones en las que desconocemos la carga emocional que una persona soporta en determinado momento, sus problemas, sus traumas, sus limitaciones; por ello no se puede exigir que las personas actúen y/o reaccionen de cierta forma; es deseable, pero no debemos depender de eso para condicionar una reacción.
¿Quién soy yo para hablar o escribir de alguien? Exacto, soy yo y puedo hacerlo como todos pueden hacerlo también sobre mí, el punto no está en lo que se diga, sino en cómo lo toma el protagonista de esas palabras, aprender a controlar las palabras, es el punto.
¿Qué veo todos los días? Mecanismos de defensa, actitudes de bloqueo y secuelas de cosas en las que la gente ni siquiera tuvo participación directa alguna, paradigmas. Enseñanzas y costumbres, muchas transmitidas intencionalmente, otras heredadas en los genes, cuestiones que si se intentan razonar por los que las poseen, resultan incomprensibles y hasta repudiables. Todos somos inteligentes, esta cualidad es algo que puede desarrollarse, la cuestión es: ¿Qué tanto interés se pone para hacerlo?
Falta mucho, pero algún día llegaremos, algún día nos habremos superado a nosotros mismos y muchos mirarán al pasado con gratitud, es muy complicado anteponer el pensamiento lógico, al lineal; la prueba está en que sabes qué hacer pero no siempre lo haces, ¿Por qué transpolar una experiencia que tuvimos con alguien, a nuestros conocidos o amigos, solo porque no salió bien?
Hay tantos ejemplos, pero creo que no los necesitan, saben lo que hay que hacer y hasta cómo hacerlo, actuar es la clave. Cuando es el perdón el que habla, la hipocresía no tiene lugar en el mismo ser, el que alguien me odie no supone una reacción igual de mi parte.
Equilibrio, es lo que necesitamos todos, pero claro, solo puedo hablar por mí, nunca por alguien más.