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_al fin The Wall by Roger Waters

_en algún momento de mi época de superfan de Pink Floyd, la cual comenzó en mi último año de preparatoria, soñé con la posibilidad de presenciar un concierto de tan grandiosa banda, sobre todo porque, a pesar de que la banda se había separado, mis esperanzas de apasionado de tan buena música me llevaban a creer que algún día se daría un reencuentro entre Roger, David, Nick y Richard, para hacer una gira dedicada a aquellos que no habían tenido la oportunidad de asistir a sus conciertos.

Pues bien, dicha reunión nunca se dió(ni se dará, debido a que el buen Richard Wright se encuentra ya, en el cielo de los músicos, tal vez tomando clases con Beethoven), sin embargo, la esperanza regresó, con la gira In the flesh LIVE, del ex-bajista de P.F. aunque por motivos varios, no pude asistir.

Pasaron años de sequía, al grado de que mi exploración musical me había llevado demasiado lejos, obviando que “lejos” no significa “malo”, tuve que decidir si quería terminar con el ajustado encadenamiento que me unía parcialmente a la estructura paradójica de aquella música atemporal, evolutiva y que poca gente llega a entender realmente, si es que se puede llegar a hacerlo, para subir un nivel, que me relegara todavía más de ese aspecto social al que yo llamo “in-natura”, en el que la adecuación sonora juega un papel determinante para ciertas situaciones interpersonales (y también de aspecto masivo), no se trata sólo de mí, se trata de todos; la incursión en la predilección de grupos como interpol o radiohead atenuaron la paradoja, melodías pragmáticas, tal vez con un trasfondo tan complejo, que la “mayoría” prefiere escudarse en la interpretación a inmiscuirse (aceptando consecuiencias), en otras palabras: “para mí, esta canción significa esto…”

Paradojas complejas? pues sí, y tan constantes en la combinación de acordes, como lo que algunos llaman “tempo”, decidí resistir un poco más, a pesar de expresiones como “esa música qué?” o “tu música es muy extraña” o “no traes otra música?”

Como todo en la vida, fue una etapa, y se dió el anuncio, Roger Waters vendría a México, en su gira de despedida The Wall, sin dudarlo, sin siquiera darle importancia el costo de los boletos, me aventuré a “registrarme” en lo necesario para formar parte de la experiencia, fueron meses de espera, de emoción e ilusión, pero sobre todo, tenía una sensación de estarme cumpliendo una promesa, de estar haciendo lo que me correspondía, porque así lo decreté hace 11 años.

Todo se dió a pedir de boca, buen hotel, buena ubicación hotel-palacio de los deportes, buen clima, llegamos temprano al evento, hice una buena compra y tenía un excelente lugar en el recinto, el concierto fue simplemente perfecto, todos los detalles cuidados al máximo, la tecnología a disposición de The Wall, para recibir el mensaje, organización y hasta la gente se comportó de manera ideal, una de las mejores experiencias de mi vida, que sin duda desearía haber compartido con mis mejores amigos y hasta con mi familia; musicalmente ahora estoy satisfecho, he estado en los conciertos de Radiohead, Interpol, Kashmir, The Mars Volta y Roger Waters (ex-Pink Floyd), sólo me falta Muse y Sigur-Rös, y después de ellos, habré de descansar (musicalmente) en paz.